Dificilmente las palabras pueden reproducir el impresionante efecto visual y, lo que es aún más llamativo, el espiritual, que este imponente abrigo rocoso produce en nosotros. Obra maestra del románico, increíble escenario natural y valioso testigo de los albores del Reino de Aragón, son algunos de los calificativos que definen el lugar más emblemático de Aragón. Ilustres viajeros describen la fuerte sensación de encontrarse frente a él. Así, Gustave D'Alaux, en el siglo XIX, dice: "Una amplia bóveda luminosa, como un cielo subterraneo, tallada en gránito, se abrió a nuestros ojos tan extraviados por aquella colosal cimbra, que podíamos haberla tomado por la curva del firmamento".